La jefa de estudios lo tiene apuntado en una hoja de cálculo que empezó hace cinco años. Cada fila es un alumno que cambia de domicilio a mitad de curso. Este año van cuarenta y estamos en noviembre.
Lo que se rompe
Cambiar de casa dentro del mismo municipio no obliga a cambiar de centro, pero sí de ruta, de horario y, muchas veces, de turno de trabajo de los padres. El resultado se ve en las faltas de asistencia de la primera hora.
No es que falten a clase: es que llegan tarde todos los días desde que se mudaron.
Jefa de estudios del centro
